Fantasía y realidad, ¿cuál es la diferencia? (Gisela Fernández 4ºRH)

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Fantasía y realidad, ¿cuál es la diferencia? (Gisela Fernández 4ºRH)

Mensaje  GiselaFernandez el Miér Mayo 18, 2011 5:18 pm


Mediante el presente trabajo se tendrá como objetivo demostrar la diferencia entre la realidad y la fantasía expresada explícita o implícitamente en el libro “CAPERUCITA EN MANHATTAN” escrito por Carmen Martín Gaite, editorial “Siruela”, Colección “Las Tres Edades”, debido a que es uno de los temas centrales de esta historia y al ser un tema genérico1, permite introducirse en él con gran libertad.

La fantasía se define como: “facultad de la mente para reproducir en imágenes cosas inexistentes o de idealizar las reales; cosa imaginada; composición instrumental de estructura libre.”2 Mientras que la realidad es: “existencia real y efectiva; todo lo que constituye el mundo real; verdad, lo que ocurre verdaderamente.”3
Para empezar a hablar de este tema, lo más conveniente es hablar de la protagonista Sara Allen, de 10 años de edad, quién, talvez, inevitablemente se hundía en un mundo de fantasías. “… lo único que sabía es que en cuanto sus padres sacaban la bolsa negra de basura, se lavaban los dientes y apagaban la luz, todas las luces del mundo le empezaban a ella a correr por dentro de la cabeza como una rueda de fuegos artificiales. Y a veces le daba miedo, porque le parecía que la fuerza aquella la levantaba en vilo de la cama y que iba a salir volando por la ventana sin poderlo evitar.” Sara se inmerge en la fantasía, al punto en el que llegaba hasta darle miedo.
En contraposición, están su padre, el señor Samuel Allen, y su madre, la señora Vivian Allen, quienes más que fantasía, eran muy fanáticos de una realidad estructurada. “… Vivian Allen, se dedicaba por las mañanas a cuidar ancianos en un hospital de ladrillo rojo rodeado por una verja de hierro. Cuando volvía a casa, se lavaba cuidadosamente las manos, porque siempre le olían un poco a medicina, y se metía en la cocina a hacer tartas…” “El señor Allen siempre llamaba <ésa> a su suegra. La despreciaba porque había sido cantante de music-hall…” La señora Allen cumplía siempre la misma rutina, y en el único momento en que podría sentirse más liberada sería al momento de hacer su tarta de fresa. Su marido, estructuradamente y sin ningún tipo de comprensión, criticaba a su suegra por su pasado; y ninguno de los dos se permitía romper ese modelo.
En el segundo capítulo, “Aurelio Roncali y El Reino de los Libros. Las farfanías”, Aurelio, un señor que vivía con la abuela de Sara, le enviaba obsequios a ésta última. Principalmente libros de cuento. Acá entra en vigencia, nuevamente, la idea de fantasía. “Por el agua, por el aire, por un bosque, pero ellos solos. Libres. Y naturalmente podían hablar con los animales, eso a Sara le parecía lógico. Y que Alicia cambiara de tamaño, porque a ella en sueños también le pasaba. Y que el señor Robinson viviera en una isla, como la estatua de la Libertad. Todo tenía que ver con la libertad.” A Sara le gustaba tanto la fantasía, que llegaba a confundirla con la realidad. El problema era cuando llegaba al final de cada historia, cuando cada personaje abandona el mundo irreal y vuelve a lo que llamamos realidad. “… el lobo tenía una cara tan buena, tan de estar pidiendo cariño, que Caperucita, claro, le contestaba fiándose de él, con una sonrisa encantadora. Sara también se fiaba de él, no le daba ningún miedo, era imposible que un animal tan simpático se pudiera comer a nadie. El final estaba equivocado. También el de Alicia, cuando dice que todo ha sido un sueño, para qué lo tiene que decir. Ni tampoco Robinson debe volver al mundo civilizado, si estaba tan contento en la isla. Lo que menos le gustaba a Sara eran los finales.”
Algo que está muy relacionado con la fantasía es la imaginación, cuya definición es: “facultad de la mente de representar las imágenes de las cosas reales o ideales; imagen creada por la fantasía; sospecha sin fundamento; facilidad para idear o proyectar cosas nuevas.” 4 Aurelio una vez también le regaló un mapa de Maniatan. Al verlo, lo primero que Sara dijo fue: “Tiene forma de jamón.” Sin embargo, para Samuel Allen no era así. “Y al señor Allen le hizo tanta gracia que se lo contó a todos sus amigos, y a ellos también les divirtió mucho la ocurrencia…” Claramente para los adultos la capacidad de imaginar no está a la altura de la de los niños. Ésto puede respaldarse con una frase del famoso libro “El Principito” cuyo tema central es la imaginación: “Las personas mayores nunca son capaces de comprender las cosas por sí mismas, y es muy aburrido para los niños tener que darles una y otra vez explicaciones.” Es por eso que a Sara le molestaba que tomen su percepción como un chiste.
Otro momento en el que se puede analizar las fantasías de Sara es cuando ella cree que Aurelio es un rey sólo por escuchar a su padre decir que trataba a su abuela como una reina. Y su idea se corroboró al descubrir que él era dueño de una librería cuyo nombre era “Books Kingdom”, o sea, El Reino de los Libros, comenzando a hacer una recreación del reino en su cabeza debido a que nunca la llevaban allí: “Se la imaginaba como un país chiquito, lleno de escaleras, de recodos y de casas enanas, escondidas entre estantes de colores, y habitadas por unos seres minúsculos y alados con gorro en punta. El señor Aurelio sabía que vivían allí, aunque solo salían de noche, cuando él ya se había ido y apagado todas las luces. Pero a ellos no les importaba eso, porque eran fosforescentes en la oscuridad, como los gusanos de luz. Segregaban una especie de tela de araña, también luminosa, y se descolgaban por los hilos brillantes para trasladarse de un estante a otro, de un barrio del reino a otro. Se metían entre las páginas de los libros y contaban historias que se quedaban dibujadas y escritas allí. Su lenguaje era un zumbido como de música de jazz, pero en susurro. Para vivir en Books Kingdom la única condición era que había que saber contar historias.” No tenía ideas sueltas, sino que por el contrario, era capaz de elaborar un relato entero con lujo de detalles.
Por momentos, incluso Sara caía en la realidad: “Pero de pronto Sara, cuando estaba inventando esta historia […] se quedaba mirando a las paredes de la casa donde vivía de verdad en Brooklyn, de donde casi nunca salía. Y era como despertarse, como caerse de las nubes del país de las maravillas.” Y al experimentar esta sensación, la cabeza de Sara comenzó a generar gran cantidad de interrogantes de todo tipo, las cuales espera que sean respondidas. Ésto mismo ocurre en el cuento de “El Principito”, ya que ambos sienten la necesidad de aclarar sus dudas y son muy persistentes en ello. “… en los años en que un niño aprende a leer y a soñar es cuando lo desconocido se rodea más de magia.”
“Estas palabras que nacían sin quererlo ella misma […] eran las que más le gustaban, las que le daban más felicidad, porque sólo ella las entendía. Las repetía muchas veces, entre dientes, para ver cómo sonaban, y las llamaba farfanías.” Volvemos a la desarrollada capacidad de imaginación que tiene Sara, pero esta vez, en comparación con la incapacidad de la Sra. Allen de poder comprenderla:
“- Pero ¿de que te ríes? ¿Por qué mueves los labios? – le preguntaba su madre, mirándola con inquietud.
- Por nada. Hablo bajito.
- ¿Pero con quién?
- Conmigo; es un juego. Invento farfanías y las digo y me río, porque suenan muy gracioso.
- ¿Que inventas qué?
- Farfanías.
- ¿Y eso qué quiere decir?
- Nada. Casi nunca quieren decir nada. Pero algunas veces sí.
- Dios mío, esta niña está loca.” No es que su madre fuese mala o no quiera comprenderla, es sólo que al ser adulta no puede ver las cosas al igual que un niño.
Los sueños se conocen como “el acto de representarse en la fantasía de alguien, mientras duerme, sucesos o imágenes.”5 Por lo que se puede decir que también es una aptitud bien marcada en los niños. “Entonces empezaba a soñar con los ojos abiertos […] y se iban desarrollando las imágenes de su excursión fantástica por las calles, plazas y parques que no conocía. […] Y al final de aquel recorrido sonámbulo, cuando ya empezaban a pesarle los párpados, Sara se veía acurrucada en una especie de nido que alguien había fabricado para ella en la estatua de la Libertad […]. Se posaba allí como un pájaro cansado de volar.”
En el capítulo cuatro Sara queda sola en la casa de su abuela y dentro de su cabeza imagina que es ella, mientras habla con el gato diciéndole que él no está dentro de sus recuerdos. Recordaba también a Aurelio, a quien ya nadie le nombraba. Y esperaba que el gato le contestara. “Por lo menos, podías decir algo.” Volviendo a las comparaciones con el Principito, nos encontramos con el millonario Edgar Woolf y el Contador del Cuarto Planeta. Ambos son hombres de negocios, y están tan ocupados en ellos, que no se dan la posibilidad de divertirse, fantasear, soñar, imaginar. Solo aspiran a generar más y más dinero, “… porque ya se sabe que los ricos solo piensan en aumentar su riqueza, sacándole más rendimiento al dinero que ganan.” Nuevamente se hace visible la diferencia en la capacidad que poseen los niños que los adultos no.
Pero la excepción a esta regla podría decirse que es Miss Lunatic, a quien se la podría identificar con una niña, ya que cuando subía al camión de bomberos “Lo que más le gustaba era que la dejaran ir tirando del cordón de la campana niquelada. Al son de aquel tintineo, las mejillas apergaminadas de Miss Lunatic se coloreaban de emoción y alegría bajo el ala de su gran sombrero”. Creo que ella sí daba lugar a la fantasía en su ser: “Confesaba tener ciento setenta y cinco años…”; “… hablaba de artistas y políticos del siglo XIX, con algunos de los cuales aseguraba haber tenido trato estrecho.” Otro tema, para nada irrelevante, que diferencia a esta señora con los demás adultos es el dinero: al reunirse con el comisario O’Connor, éste le pregunta si le interesa el dinero. A lo que ella le responde: “No; porque se ha convertido en una meta y nos impide disfrutar del camino por donde vamos andando. Además ni siquiera es bonito, como antes, cuando se gozaba de su tacto como del de una joya. […] Ahora el dinero son viles papeluchos arrugados. Yo cuando tengo alguno, estoy deseando soltarlo.” A mi parecer, es una postura bastante extraña por parte de un adulto.
En el capítulo ocho, Miss Lunatic encuentra a Sara llorando en la estación del tren y va a socorrerla, y en ese momento emprenden el camino juntas. El motivo por el cual Sara estaba sola era que quería conocer Central Park. Acá es donde creo que se puede hacer una comparación con “Alicia en el país de las maravillas”. Al igual ella, Sara buscaba un escape de la realidad y la rutina, por lo que deciden comenzar un viaje, alejándose de quien les impedía realizarlo: su madre. Es la misma Sara la que establece una comparación con esta historia cuando están entrando al café, junto con Miss Lunatic, detrás de quien estaba por acomodarlas en una mesa. Sara se refiere a esta última persona como “el conejo blanco de Alicia”, que es quien la adentra en su aventura. Luego de llegar a la mesa, Experimenta una sensación bastante particular. Imaginó involuntariamente que Miss Lunatic era la estatua de la Libertad y que le estaba hablando. “Sara levantó la vista del plano arrugado de Manhattan y de la servilleta con manchas de chocolate, y durante unos segundos vio ante sus ojos, rodeado de un fogonazo resplandeciente, el rostro inconfundible de la estatua que había saludado de lejos a millones de emigrantes solidarios, avivando sus sueños y esperanzas. Pero ahora no la tenía lejos, sino al lado, sonreía y le estaba besando a ella la mano. Sara cerró los ojos, cegada por aquella visión, y cuando volvió a abrirlos, Miss Lunatic había recuperado su aspecto habitual.” Tal vez, su insaciable deseo por ser libre fue el que la obligó a tener esa alucinación, sin descartar que eso era ficticio. Algo que no pudo controlar.
Luego de salir del café, Miss Lunatic le confiesa ser el alma de la estatua y que gracias a ella, la misma se mantiene joven a través de los años. Por alguna razón, ella también vive en un mundo de fantasías, al igual que Sara, al igual que los niños. Podría decirse que sigue la corriente de Sara para no decepcionarla, o bien, sus fantasías de verdad le hacen creer que ella forma parte de la Libertad. Sea cual sea la razón, Miss Lunatic tiene toda una historia para Sara. La anciana le indica en el plano una entrada secreta de la estatua de la Libertad. “El poste cerca de su base tiene una ranura por donde se introduce esta moneda. […]… la metes en la ranura y la tapa de la alcantarilla se descorre despacito; sólo se abre con este tipo de monedas, es un sistema parecido al del metro, aunque aquellas fichas son más feas… […] Dices una palabra que te gusta mucho, echas las dos manos para adelante, como cuando te tiras a una piscina, y tú no tienes que hacer nada más.” Nuevamente se puede hacer una comparación con “Alicia en el país de las maravillas”, ya que se puede relacionar ésta entrada de la estatua con el agujero del conejo en el cual Alicia cae. Así, ambas comienzan su aventura.
Al final del libro, Sara llega al lugar de la entrada secreta, y se lanza por el agujero en busca de su libertad.

Concluyendo, la fantasía, los sueños, la imaginación son característicos en los niños, pero no hay que leer ningún libro para darse cuenta de ello. Ellos son los que saben disfrutar a pleno de la vida; son los que se animan a jugar, saltar, gritar, ellos se dan el placer de divertirse. Esta aptitud de permitirle a nuestra propia cabeza volar se pierde a medida que uno crece, se deteriora, y de a poco se puede perder por completo. Los adultos tienen tantas preocupaciones que ya no tienen lugar para la diversión, la fantasía, los sueños. Tal vez es por eso que resulta mucho más fácil ver reír a un niño que a un adulto. Sin embargo, una cosa es cierta, los adultos tienen responsabilidades y obligaciones. Cosas que los niños carecen. Pero no por eso los adultos deben reemplazar aquello que los hace felices por todo lo que los frustra, porque de ser así, ser adulto sería sinónimo de dejar de vivir, y eso no debe pasar hasta el momento de la verdadera muerte. Por eso es que nunca se debe perder a su famoso “niño interior”, ya que él es que nos permite divertirnos. Para finalizar, me gustaría citar a Miss Lunatic en el libro cuando dijo: “… y vivir es reírse…”



FUENTES

1: Temas Genéricos en, http://www.buenastareas.com/ensayos/Temas-Genericos/153294.html
2: Diccionario de la lengua española en, http://www.wordreference.com/definicion/fantas%C3%ADa
3: Diccionario de la lengua española en, http://www.wordreference.com/definicion/realidad
4: Diccionario de la lengua española en, http://www.wordreference.com/definicion/imaginaci%C3%B3n
5: Definición de sueños en, http://www.mariaignacia.cl/content/view/130410/Definicion-de-sueno.html
6: El Contador de estrellas, fragmento del Principito en, http://stripteasemental.blogspot.com/2008/05/el-contador-de-estrellas.html

GiselaFernandez

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